El fútbol con “cabeza fría”
Por: Estefanía Bohórquez Pérez
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Twitter: @jiomarestefania
Hoy quiero tomarme la libertad de cambiar el estilo de este espacio para hacer un análisis reposado, y en la medida de lo posible objetivo, de lo que sucedió en la salida de la selección colombiana de fútbol de la gran cita mundialista.
El pasado viernes 4 de julio en Colombia no se hablaba o pensaba en otra cosa que no fuera el partido contra Brasil en los cuartos de final de la copa mundo. Es más, con la idea improvisada de medio día cívico las personas se atiborraron en los servicios de transporte a luchar, literalmente como en la selva, para poder dirigirse a los lugares que cada quien destino para ver a la tricolor en su mejor participación en la historia de este certamen deportivo. La fiebre amarilla desbordaba.
Con el tempranero gol de Thiago Silva se entró en un juego que no es el propio, eso sumado al corte continuo del juego, a la permisividad de un pésimo árbitro y a la desconcentración de nuestros paisanos, esto permitió que se jugara al (sin) estilo que proponía la verde-amarela, a años luz del ‘’jogo bonito’’ que enamoró al mundo hace décadas. Por supuesto, Scolari había advertido que ellos no estaban para enamorar sino para ganar, un pensamiento que hace ver que este equipo sencillamente traicionó la tradición y al fútbol, dedicándose a golpear.
Ya en el desarrollo del primer tiempo, en mi humilde opinión, creo que nuestro equipo entró –como no se vio en el resto del torneo- desconcentrado y nervioso, puede ser por la tradición del rival porque la actualidad de ellos es otra cosa. Sumado a lo anterior, un árbitro que permitió un partido fuerte, violento y desmedido, que muchos dicen ‘‘comprado’’, pero no sé si sea tanto así o es que en realidad el juez era ‘‘perverso’’ y también se sintió con el deber de ser permisivo por estar pitándole al local.
En este punto quiero centrarme un momento, nos decía el entrenador que me acompañó desde los 10 hasta los 19 años (durante el tiempo que entrené baloncesto de alto rendimiento): “como pite el árbitro a nosotros no nos importa, hay jueces malos, eso lo sabemos todos, pero ustedes vinieron fue a jugar y no a pitar, si quieren pitar cámbiense el uniforme y salgan del equipo”.
Esto qué quiere decir. Que aunque el técnico sabe cuándo le están ‘‘moliendo’’ a golpes a sus jugadores él reclama, pues es parte de su función, pero no puede hacer más y en lo que tiene que centrarse es en recordarle a los jugadores que se dediquen a jugar y no a dejarse provocar y menos a discutir con quien pita porque lo que puede lograr el jugador es que el juez se desquite, pues son personas y también se les ‘‘calienta la cabeza’’, y pite aún peor.
En esta medida Carlos Velasco, fue un pésimo árbitro, permitió que el partido se fuera estrictamente a lo físico y como Colombia juega colectivo, a mover la pelota, a ‘‘bailar’’ en la cancha, al primar el juego cortado – el que aplicó Brasil- evidentemente no benefició a nuestros muchachos, de ahí a que se haya vendido o haya seguido direcciones de la Fifa no sé, pero deportivamente se puede decir que la permisividad de Velasco llevó a que se permitiera golpear a diestra y siniestra. Pero también, hay que tener en cuenta que los cafeteros se dejaron meter en el juego brusco y también golpearon, sabiendo que en este plano perderían.
El segundo tiempo fue otra historia, a pesar que siguió el mismo juez y el mismo Brasil, uno pitando mal y los otros golpeando, y que por la ‘‘calentura de cabeza’’ en la que nos dejamos meter Colombia en cierta medida también entraba fuerte, se jugó un partido diferente: más equilibrado, con la pelota rodando, con movilidad y volvimos al estilo que enamoró al mundo en los partidos pasados, además se arrinconó al anfitrión en su arco. En este punto da pesar que no se logró el empate y que David Luiz haya metido ese golazo, pero desafortunadamente el fútbol no es siempre de quien mejor juega, sino del que anota.
Ahora bien, este partido deja algunas inquietudes. ¿Qué hubiera pasado con otro juez? ¿Qué hubiera sido del partido si no hay esa desconcentración defensiva y el gol de Brasil no llega tan pronto? ¿Qué hubiera sido si nuestros jugadores tuvieran la capacidad de bajar las revoluciones y hubieran jugado a su estilo y no al del rival?
Son preguntas que quedan solo para la reflexión, pero creería yo que el desenlace sería otro y que de pronto ese pudiera haber sido un juego más parecido al que protagonizó Alemania hace dos días, tal vez no con un marcador tan abultado, pero sí develando las debilidades de un Brasil que juega horrible –comparado con su tradición- y con una hazaña mucho mayor para estos héroes. Ahora solo queda esperar el futuro, con un gran pronostico y añorando que la experiencia y madurez les vaya enseñando a nuestros jugadores a tener la ‘‘cabeza fría’’ que requiere el fútbol.
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