El país es el que pierde
Por: Estefanía Bohórquez Pérez
Facebook: Estefanía Bohórquez
Twitter: @jiomarestefania
Durante estos más de 60 años de violencia en Colombia la mayoría ha perdido. Es más, si cada uno de nosotros se dedica a indagar en su círculo cercano -llámese familia, amigos, conocidos- se dará cuenta que alguien ha sufrido, directa o indirectamente, los estragos de la guerra. Ya sea desplazamiento, extorsión, amenazas, secuestro, asesinato, desaparición forzada o reclutamiento.
Ayer el ex presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien está escuchando a las víctimas para hacer sus labores de oficio en este punto tan crucial que se trata en la Habana, declaró públicamente que de ninguna manera se puede hacer una diferenciación entre víctimas, porque siendo así nunca se podrá desarrollar un proceso real de posconflicto. Esto en vista de la diatriba que ha ocurrido siempre, las víctimas de unos se creen más víctimas que las de los otros.
Esta pugna no es más que el reflejo de un país polarizado, en el cual las víctimas de los grupos guerrilleros se consideran más víctimas que las del Estado y los grupos paramilitares y viceversa. Un círculo vicioso en el que todos quieren ser determinados los más vulnerados y ninguno quiere aceptar que al entrar en esa lucha muchos han sido tanto víctimas como victimarios, sumergiéndonos en una pugna de poderes que solo ha permitido que se desangre este país, que seamos una de las naciones en las cuales se cometen más delitos contra los DDHH y el DIH.
Pero entre todos los vejámenes que trae consigo la guerra, para mi uno de los que más afecta a una nación, en los aspectos sociales sobre todo, pero también en el desarrollo económico y de un proyecto de estado-nación, es arrebatarle la vida a un niño enseñándolo a cegar las de otras personas.Se escapa de toda lógica que en ese afán por pasarle por encima al contrincante, por una u otra razón, ninguna justificable, se inmiscuya en una lucha armada a niños desde los 8 años, pero todavía es más desgarrador que este flagelo, a la fecha, siga siendo una práctica común en 19 países del mundo, en su mayoría países de África y Asia, apareciendo Colombia como único país de lo que se denomina occidente.
Por eso no es raro que en 2002 el grupo español Ska-P entonara a viva voz “mi tierra se llama miseria y no conozco la palabra libertad. Fui secuestrado en una guerra, fui capturado y preparado pa’ matar”. Plasmando con crudas frases una realidad que vivimos muchas naciones y que está mandando al excusado no solo el futuro de la nación, que se dice popularmente es la infancia, sino que están desgastando poco a poco un orden social y llevando a que no haya una cultura que propenda por la vida, sino una oda a la muerte.
Esta canción titulada niño soldado, del quinto sencillo del álbum ¡Que corra la voz!, logra crudamente relatar lo que siente un pequeño que fue inmerso en una confrontación ajena: “Fui convertido en una bestia. Soy solo un niño que no tiene identidad, que han obligado a disparar, al que le han enseñado como asesinar. Me han obligado a mutilar, en un infierno terrenal”.
Si duele esa descripción, no entiendo cómo debe quedar la sique de una persona luego de que a los 8 años es convencido o llevado a la fuerza, cualquiera de los dos casos igual de reprochables, para que tome en sus manos un arma y se dedique a arrebatar la vida a otras personas. Teniendo en cuenta que muchas veces asesinar a un adulto le deja secuelas sicológicas muy fuertes, es de suponer que a un niño, con un desarrollo de personalidad casi nulo, lo puede llegar a confundir y afectar de tal manera que terminara desbaratando toda su vida.
En esta línea, no sé qué tanto considere cada uno que puede aportar, pero creo que lo fundamental está en el llamado que hace el grupo español “¡Hey! ¡No! Tu indiferencia no tiene perdón ¿Quién te robó el corazón? No te levantes del sillón. ¡Hey! ¡No! Tu indiferencia no tiene perdón ¿Quién te robó el corazón? Apaga la televisión.”
Así es, hay que evitar la normalización de hechos tan atroces como el reclutamiento de menores para la guerra. Hay que seguir denunciando a las FARC por esta modalidad, pero también prestar mucha atención a las bandas emergentes, secuelas paramilitares, y a las escuelas de sicariato todavía presentes en el país. Pero sobre todo hay que hacer un esfuerzo conjunto para lograr la paz, porque esta no le pertenece a alguien como lo hicieron creer en la publicidad de las presidenciales, la paz es una necesidad a la cual todos tenemos que apostarle.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario