lunes, 14 de abril de 2014

Del por qué no hay emoción en estas elecciones presidenciales

Por Catalina Rivera
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Muchos medios de comunicación, analistas y periodistas se han preguntado por qué las elecciones de este 25 de mayo no emocionan. Hipótesis como la falta de buenas campañas o de buenos candidatos son las que más se han escuchado, sin embargo, creo que la pregunta es por qué el pueblo colombiano habría de ilusionarse de nuevo, cuando lo han defraudado la misma cantidad de veces que lo han ilusionado. 

Desde ese punto de vista resulta lógico que nadie, excepto madres y familiares de los candidatos y las colectividades en sí mismas, resulten emocionadas con el nuevo trajín político que se nos viene. Los colombianos nos hemos enardecido con buenos discursos, de personas que, en diferentes momentos de la historia, se han proyectado como la salvación, caso específico de Jorge Eliecer Gaitán, caudillo amado por el pueblo, disidente del Partido Liberal que se daba como ganador de las elecciones presidenciales y que fue asesinado por Juan Roa Sierra, desatando el famoso Bogotazo el 9 de abril de 1948.  

Por aquel entonces ese Gaitán de discursos acalorados en plaza pública era la esperanza de un país mejor, y ¿qué pasó? La ilusión se desvaneció en segundos y al final quedamos ante un país que se caía a pedazos, que nuevamente defraudaba a sus ciudadanos, es probable que de eso nunca se recuperaran por completo las generaciones de entonces.

Pero avancemos en la historia, la guerrilla de las FARC después de adelantar negociaciones a mediados de la década de 1980 con el presidente Belisario Betancur decidió, como parte de los acuerdos a los que habían llegado con el ejecutivo,  participar en política conformando la Unión Patriótica (UP), movimiento al que no le fue nada mal en las elecciones en las que participó.

¿Qué pasó? A partir de su conformación se empezaron a presentar asesinatos y desapariciones forzadas. Después de romper las negociaciones con Betancur, los miembros de la UP se encontraron en un alto riesgo. A 2005 se contabilizaban más de 6 mil víctimas en un exterminio que se ha extendido por años. 

Pero dejemos de hablar de elecciones, hablemos de logros de presidentes elegidos legítimamente por nosotros. Las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), dolor de cabeza, por decirlo menos, de todos los gobiernos de turno, antes los ojos atónitos de millones de personas empezaron a desmovilizarse. Los colombianos  frente a la pantalla de sus televisores comentaban que el presidente Álvaro Uribe Vélez había logrado algo increíble y que había que aplaudirlo y elegirlo cuantas veces fuera necesario, y ¿qué pasó? Años después se estableció que muchas de estas fueron falsas, personas contratadas salían disfrazadas de guerrilleros, el chiste se cuenta solo, arrastraron en la farsa a cuanto jíbaro y ladrón encontraron que se vendiera a semejante propósito.

Pero además, la Seguridad Democrática, lema estrella del gobierno Uribe le dio un duro  golpe a las FARC, los números de bajas a insurgentes aumentaban considerablemente, miles, emocionados, aplaudían el supuesto fin de los grupos armados internados en la selva, y ¿qué pasó? Muchos de esos guerrilleros, “terroristas”, como en su momento se les llamó, eran en realidad campesinos, hijos de mujeres y hombres de escasos recursos, personas de diferentes regiones y condiciones, incluso en condición de discapacidad que habían tenido la mala suerte de dejarse engañar o de ser llevados a la fuerza, asesinados y puestos en zonas específicas, vestidos con uniformes de las FARC y presentados a los medios como los frutos de una política que le asestaba un duro golpe a la guerrilla.

¡Pero claro que a los colombianos ya no nos emociona nada!, eso también explica que las negociaciones de paz en La Habana sean una esperanza acompañada de escepticismo para millones de nosotros, empujado también porque las negociaciones del Caguán fracasaron estruendosamente, más que otras que se emprendieron también con grupos guerrilleros en diferentes épocas.

Es obvio, yo diría que hasta normal viendo nuestra situación, que las elecciones no emocionen, no creo que no haya opciones, para mí una buena elección es Clara López, por ejemplo, ¿pero quién en sus cinco sentidos después de tantas decepciones vuelve a sentir igual? En todo caso esta no es una invitación a la insensibilidad, tampoco a no votar, pero si es la explicación que mejor me parece para que las elecciones nos parezcan cada vez más un circo del desastre, el preludio de la desilusión.



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