La
parodia colombiana: show de 365 días
Por: Rocío Infante Buitrago
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Twitter: @rochy1111
En Colombia el Festival de Teatro se amañó. El drama, la tragedia, la comedia, el melodrama, la farsa, la parodia y el espectáculo, características del teatro, ahora no son únicamente de él, sino al parecer de muchos colombianos.
A propósito del Festival Iberoamericano de Teatro que se celebra por estos días en la capital colombiana, en su versión número XIV, como siempre, llena de magia, de color, de alegría, de esa fiesta cultural esperada por todos y que dura solo 17 días, nos descresta una vez más con propuestas alternativas que nos permiten ver el teatro desde otra perspectiva. Como la obra de teatro ''Soma Mnemosine (el cuerpo de la memoria)'' que abrió el telón de esta fiesta tan importante.
Me parece significativo mencionarla, porque en esta oportunidad el festival alternativo se vistió de paz y memoria, temáticas que son de relevancia para nuestro país por esta época. El tratar de mostrar esa cruel realidad del conflicto colombiano a través del arte es realmente interesante, además porque propuestas artísticas de movimientos de víctimas, de comunidades afrodescendientes, artistitas independientes y urbanos, dan un giro total a lo que hoy en día conocemos como teatro, no solo por este nuevo performance que deja ver una realidad desconocida para muchos, sino también porque con este teatro de calle la mayoría de personas podrán tener acceso a las obras con mayor facilidad, y deja de ser exclusive para la elite. Sin embargo, independiente de lo anterior, ojala este ejercicio sirva de verdad para reflexionar sobre la situación del país y al menos estas tragedias sociales disfrazadas de obras de arte teatrales no las olvidemos tan fácil como solemos olvidar todo lo que es realmente trascendental.
Aunque es un poco irónico, a lo que voy es que muchos de los colombianos somos actores y actrices por excelencia, esto sin necesidad de cursos, de estudios, etc. Y no me refiero precisamente a aquellos que hacen parte de la farándula tradicional, sino de aquellos hombres y mujeres del común que son amantes frenéticos del show. No quiero generalizar, pero el drama, la tragedia, la comedia, el melodrama, la farsa, la parodia y el espectáculo, características del teatro, ahora no son únicamente de él, sino al parecer de muchos colombianos, que a diario son los protagonistas de sus propias obras. Cada quien usando la máscara y el disfraz que más le conviene, porque ser uno mismo frente a la sociedad ya paso de moda.
En nuestra cultura del “pan y circo” donde es más fácil ver nuestra violenta realidad a través de shows, el colombiano promedio –desgraciadamente- sigue actuando los 365 días del año indiferente ante lo que pasa en el país. Forman las escenas más dramáticas mostrando su preocupación por la necesidad del otro, pero todo es una farsa. También como buen actor de comedia, cumple su papel a cabalidad, riéndose y burlándose de las desdichas de los demás y hasta de las de él mismo. Patética cultura colombiana, donde el teatro como arte no atrae tanto, quizás porque ya es costumbre observar las obras de muchos de nosotros, no tan elaboras, pero que gustan y atraen más, solo por el hecho de que nos hacen sentir identificados, porque al fin y al cabo somos el resultado de nuestros actos y acciones, que de por sí contribuyen a lo que es el país hoy en día y del que sin embargo nos seguimos quejando.
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