La
Reforma Agraria: una provocación para el socialismo feudal
Por: Óscar Téllez Dulcey
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Twitter: @oscar_ftellez
La semana del 6 de abril se ha convertido en un lapsus de tiempo, en el cual los colombianos conmemoramos una serie de hechos, que al empezar el ‘’domingo de ramos’’ han de quedar olvidados hasta el próximo año. Que conmemoramos a las víctimas del conflicto (y en realidad son pocos quienes en verdad las conmemoran), muchos se remitieron al ‘’Bogotazo’’, otros más académicos recordaron el frente que hizo Bolívar al Ejército Realista, y muchos –quizás más mediáticos- se conmovieron con el homenaje a las víctimas del genocidio de Ruanda.
Cada hecho resulta importante y digno de ser conmemorado, pero, nos hace falta como país, darle importancia a otra serie de hechos trascendentales, que responden a nuestro presente y que muy seguramente, pasarán inadvertidos por cada colombiano, y utilizados como objeto de estudios sociales por las generaciones futuras. Me preocupa que no leamos los contextos, que nos centremos en conmemorar relatos del pasado y dejemos de lado – en cierto modo- el anuncio que el Presidente Juan Manuel Santos hizo sobre un proyecto que le apunta a la celeridad en los procesos de restitución de tierras.
En el marco de muestro país, la tierra ha sido la ambición de cada habitante y su repartición ha sido manipulada por los actores armados y el Estado, con el objetivo de expropiar y tomar para sí mismos los terrenos más productivos, ricos en recursos y de espléndida ubicación militar. Tal cual, como lo hicieron los sectores burgueses en la Inglaterra pre-industrial, la tierra se repartió entre los sectores dominantes y el campesino quedó sometido a placer de sus amos.
El Presidente afirmó que ‘’por primera vez se está poniendo a las víctimas al frente de un proceso de restitución de tierras’’, añadiendo que su gobierno ha logrado restituir, en los últimos 4 años, más afectados por el tema de la tierra, que lo hecho por Justicia y Paz en 9 años. En lo personal me preocupa la elaboración de un proyecto de ley desde el Gobierno actual. La celeridad en los procesos implica que si alguien reclama su tierra y no existe oposición alguna, se evitará el trámite judicial y será el Gobierno quien se ocupe del asunto.
Por eso, no podemos perder el norte de la situación. Si nosotros como ciudadanos, no estudiamos el asunto y empezamos a buscar vías que nos permitan una participación presencial (no exclusiva) en la elaboración de este tipo de proyectos de ley, pues la situación no va a cambiar. Existirán dos sectores, muy pequeños, que se acomodarán la tierra en su beneficio. Quizás no podamos hablar de aristócratas y burgueses, pero la relación que existe entre estos, y los sectores empresariales del país y el Gobierno se refuerza cada vez más.
En la lectura marxista de los modelos de producción, se expresa una condición feudal del socialismo, que le apuesta a una clase mayoritaria e históricamente oprimida, que subvierta el orden establecido y reaccione contra los entes dominantes presentes en el Estado. No le apuntemos a mantener unos oprimidos generales, busquemos la creación de una clase revolucionaria, que se convierta en mediador de sus intereses mediante el diálogo, la participación y la búsqueda de un bienestar colectivo.
No puedo afirmar que el aceleramiento va a resultar desastroso, pero si tengo la necesidad de preguntarme ¿qué pasaría si en cada caso de restitución, existe un fuerte opositor que también reafirme su derecho a la tierra? No es el momento que Santos venga con líneas que responden a su presente pre-electoral, pero si es el momento en que debemos legitimar nuestro derechos soberano a decidir qué hacer con este territorio.
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