La duda nunca
sobra
Por: Catalina Rivera
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Otras eran las épocas en las que Estados Unidos lograba mantener sus acciones en la discrecionalidad y complicidad de perpetradores y figuras políticas.
Chile de Salvador Allende, el país que tuvo el primer gobierno socialista de América Latina. Las mayorías decidieron por un sistema de gobierno contrario al que habían visto durante años. La victoria del Frente Popular (coalición de izquierda en Chile y partido de Allende) ya se veía venir, el pueblo quería un cambio y a través de Allende lo consiguieron, ese 4 de septiembre de 1970 se alzó con una victoria de un poco más del 36 por ciento de favorabilidad.
El presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, según cintas desclasificadas publicadas en el portal nixontapes.org, quería "golpear en el trasero" y derrocar al "hijo de puta", así se lo dijo a su Consejero de Seguridad Nacional y posterior Secretario de Estado, Henry Kissinger. Además, estas grabaciones dejan ver el posible papel de la CIA en el asesinato del comandante del Ejército chileno René Schneider, para boicotear la toma de posesión del presidente Allende.
Después de un año de su gestión se había nacionalizado 47 empresas industriales, recuperó todos los yacimientos de cobre explotados por las filiales de las empresas norteamericanas, Anaconda y Kennecott, todo esto sin indemnización, que fue probablemente lo que más le dolió a los norteamericanos. Esto sumado a otras reformas benéficas para Chile. Al parecer el proceso socialista iba bien, sin embargo Nixon tenía otros planes para Chile.
Vino el leño que prendió la hoguera, el Paro Patronal. Chile es un país en el cual se necesita del transporte terrestre, paralizarlo era hacerle un gran daño al país, sin embargo, el paro no se detuvo sino hasta el final, la razón es simple, estaba financiado desde afuera. La CIA dolarizó la cuestión, Chile se convirtió en un país desabastecido, agonizante y en medio de este panorama vino la estocada final.
Dos días antes del golpe, la oposición había alcanzado puestos altos en las Fuerzas Militares de Chile, habían descalificado a los oficiales que respaldaban a Allende y habían puesto en su lugar a personajes que previamente se habían reunido con el gobierno de Washington. Así el 11 de septiembre de 1973, el palacio de la Moneda, sede de gobierno chilena, fue bombardeada, entre otros, por un grupo de acróbatas aéreos norteamericanos que habían entrado con el pretexto de hacer un espectáculo de circo volador el 18 de septiembre, día de la independencia. La ciudad fue tomada, y eventualmente el país, por Augusto Pinochet.
Ahora yo me pregunto, ¿no podríamos pensar en este Chile de 1973 como la Venezuela del 2014? Hugo Chávez en sus trece años a la cabeza del gobierno expropió y nacionalizó más de mil cuatrocientas empresas entre las que, por supuesto, había muchas de origen norteamericano, pero probablemente lo que más les dolió fue la imposibilidad de entrar en el lucrativo negocio del petróleo. Después de Cuba, Venezuela era la nación donde había triunfado ampliamente el socialismo y al parecer tenía gran éxito.
Después de la muerte de Chávez, el gobierno pasó a manos de Nicolás Maduro, fiel a la causa bolivariana y chavista, desde siempre. Pero, al parecer su gestión no ha sido ni de lejos acertada. A raíz del descontento acumulado, desde hace un buen tiempo, los universitarios venezolanos empezaron a marchar, primero en Táchira, por el asunto de la seguridad en las universidades, más adelante se les unieron estudiantes y sociedad civil de otros estados protestando por el desabastecimiento y por la ineptitud del Gobierno Maduro.
Las protestas hasta el día de hoy no se han detenido y uno se pregunta si para salir a las calles a diario, arriesgando su propia vida y por meses ya, han necesitado solo de su nacionalismo y su necesidad de un país mejor, o si en esto hay una dolarización constante y sonante de los ‘’yankees’’, dolor de cabeza de cuanto país piense diferente a ellos.
Dicho esto, vienen las aclaraciones, no creo que los venezolanos quieran volver a lo que había antes de Chávez. Se trataba de un país profundamente rico, pero era desangrado por empresas extranjeras que reportaban ganancias solo conocidas por sus dueños, porque el pueblo venezolano vivía en condiciones de pobreza. Sin embargo, lo que empezó como un socialismo del siglo XXI, mal aplicado como lo diría Heinz Dieterich, padre de esta doctrina, ha tomado cara de dictadura, y eso si es gravísimo, estoy totalmente de acuerdo con la revolución del pueblo para el pueblo, pero lo que pasa en Venezuela ya se convirtió en otra cosa.
No estoy deslegitimando la causa de los estudiantes venezolanos, habrán muchos que realmente salgan a la calle a defender lo que por derecho les pertenece, un país democrático, pero no sabemos lo que hay detrás de todo esto, al igual que no se sabía quién estaba detrás del golpe a Allende hace más de cuarenta años.
Quisiera resaltar también el papel determinante de las Fuerzas Militares en la política. En el caso de Chile, casi han sido quienes han puesto constituciones y decidido presidentes, no es casualidad que Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, candidatas a las elecciones de 2013 en las que la primera fue la ganadora, sean ambas hijas de generales de la Fuerza Aérea. En el caso de Venezuela estos se han hecho cada vez más fuertes, Chávez fue comandante de las Fuerzas Armadas Nacionales, su ejército lo apoyó durante su más de una década de gobierno y en la actualidad ellos son quienes detentan mayor cantidad de cargos de importancia en el vecino país.
Así que creo que cabe la pregunta sobre el financiamiento de las marchas y la sombra detrás de meses de manifestaciones. Para terminar, quisiera recomendar la lectura de “Chile, el golpe y los gringos (Crónica de una tragedia organizada)” de Gabriel García Márquez, prodigioso escritor colombiano, que para la escritura de este texto y en mi vida en general ha sido un guía, paz en su tumba y su recuerdo estará siempre entre nosotros.
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