martes, 22 de abril de 2014

‘’Gabo’’ en el infierno. Llegó el domingo y no resucitó


Por: Iriz Forigua Castillo
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Mientras la representante electa María Fernanda Cabal mandaba al infierno a Fidel Castro y a Gabriel García Márquez, Colombia se olvidaba de Cheo Feliciano, del exministro de transporte Andrés Uriel Gallego, y hasta de Jesús, todos fallecidos en esta agitada Semana Santa. 

En primer lugar, quiero tocar el tema de la congresista sin siquiera entrar en detalles por la mala ortografía de la señora, tan aterradora como su posición tan extrema. Pero, ¿qué profundo odio tenía la congresista por ‘’Gabo’’? ¿Qué la motivaba? Será su militancia en las filas de la extrema derecha del país, o que sea la esposa de uno de los personajes más controvertidos de los últimos tiempos, el notable ganadero costeño José Félix Lafaurie, Presidente de FEDEGAN, investigado en la Fiscalía por nexos con el paramilitarismo (más específicamente con Salvatore Mancuso). 

No sé, no podría adivinar en que estaría pensando una persona tan educada como la señora Cabal para que haya llegado a literalmente “meter la pata” de semejante manera. Es bien sabido que cualquier ser humano puede discrepar las ideas políticas de otro, pero desearle al infierno al único Nobel que han parido estas tierras, solo por pensar diferente. Es grotesco, es ruin, es sin duda alguna: un fanatismo terrorífico. 

Si bien es cierto que el Nobel colombiano tenía sus preferencias, sus amistades, sus creencias políticas -que generaban ampolla en unos y fascinación en otros- la hoy representante debería dedicarse a lo que usualmente se deben dedicar los políticos: a solucionar problemas (no a crearlos). Y el hecho de mandar a Gabo al infierno por sus afinidades y/o amistades políticas, solo nos muestra queridos colombianos que ella está más preocupada por el difunto que por los procesos legales que afronta su marido y que incluso, podría enviarlo al infierno también o como mínimo a la Picota Pública.

Creo también que a la señora Cabal  le falla la memoria, o tiene memoria selectiva, y olvida por que el Nobel tuvo que huir de este país. Si, fue por pensar diferente. No quiero defenderlo ni atacarlo, solo quiero relatar a grandes rasgos esa historia que ni Cabal ni muchos otros recuerdan: 

Era el año de 1955 y el diario El Espectador (en donde era periodista) tuvo que sacarlo del país a Ginebra y luego a Roma en misión de trabajo, pero también para proteger su vida. Y allá, en Europa, tuvo que permanecer cuatro años. Luego, para inicios de la década de los 60, sus enemigos políticos lo asociaron al Partido Comunista, al que él aseguró nunca pertenecer. Todo por haber sido nombrado director de Prensa Latina (la agencia cubana de noticias, a la que posteriormente renuncio). 

Pero fue finalmente en los años 80 cuando Julio Cesar Turbay lo consideró aliado del M-19 y tuvo que huir a México. Gracias a sus amigos que lograron advertirle que le iban a interrogar allá, en tierras ‘’manitas’’, concibió su obra maestra “Cien Años de Soledad”. Aun así, García Márquez siguió metiendo las manos al fuego político, cooperando con varios de los gobiernos colombianos. Por ejemplo, con Pastrana cuando intento colaborar en unas negociaciones fallidas con los paramilitares, e incluso, con el mismo  Álvaro Uribe y la guerrilla de las FARC. Lastimosamente todo se le olvidó a la señora Cabal y a más de un fanático.  
En última instancia ¿a quien le importa si el ilustre escritor era amigo de Fidel, de Obama, de Plinio, de Escalona, de Totó, de Clinton o de quien sea? ¿A quien le importaba si era de derecha, de izquierda o de centro?, no, mentiras, si fuera del Centro, la señora Cabal no se hubiera molestado tanto.

Pero bueno, si Gabo se va al infierno, seguro no va a estar mal acompañado, ilustrísimos en todas las áreas del conocimiento le estarán acompañando, sin duda enviados también por gente como la señora Cabal. Ahh!! A mí, al igual que a muchos colombianos, se me olvidó también Cheo Feliciano, Andrés Uriel Gallego y Jesús, de los cuales, tengo entendido, que solo el ultimo resucitó, a los demás, paz en sus tumbas. 

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