viernes, 9 de mayo de 2014

El pabellón del país invitado: un viaje de calidad por el universo peruano


Por: Óscar Téllez Dulcey
Facebook: Oscar Tellez
Twitter: @oscar_ftellez

Que el pabellón dedicado a Perú en la Feria Internacional del Libro Bogotá 2014 fuera tanto de mi interés, no es algo extraño, en él se ve reflejado lo que es el Perú en sí. Digo esto saliéndome de los barrotes, porque muchos podrían decir que Perú no se refleja en esas cuatro paredes, que el edificio no representa su belleza y grandes paisajes. Yo digo que sí. Perú se me presento en los títulos de las publicaciones originarias de él, en la diversidad de ruidos compartidos (mediante la tecnología) y en el diálogo que sostuve con un artesano indígena.

La grandiosa historia de Perú no es fácil de meter en un pabellón, más bien, no puede acomodarse en un pabellón, resultaría incómodo para el visitante. Pero, si puede generarse a través de las historias que se nos presentan allí. Las subjetividades juegan un papel importante cuando se ingresa al pabellón. Revivir dialectos, interactuar con los representantes del país hermano y transportarnos mediante lo sonoro a lo que significaron –y aún hoy significan- los rituales, la preparación de la comida y la vida en comunidad, es lo que logramos por medio de la subjetividad en este pabellón.

La gran familia peruana, que durante siglos y por millones de personas alrededor del mundo ha sido asociada únicamente a lo inca, hoy nos dice: un momento, nosotros no somos ciento por ciento incas, aquí viven comunidades hermanas, que no necesariamente se desprenden del imperio de Machu Pichu. Alguno de los artesanos presentes en el pabellón, afirmó que en los campos cercanos al Cuzco y otros sectores alternos a la actual Lima, son el hogar de un sinfín de comunidades que poseen un dialecto y costumbres propias, diferentes formas de arar la tierra y modos diversos de dar a conocer sus conocimientos, gastronomía y estilos de vida. Él, por ejemplo, tallaba en auyamas duras y secas, los rituales de cultivo y de adoración a diversos santos de su comunidad.

Los titulares de los libros con los que uno se topa en el pabellón son realmente mágicos. En lo personal, me transportaron a un pasado heroico y que si se quiere tiene vigencia. No puedo decir que las publicaciones de Vargas Llosa –promocionadas con bombos y platillos- son las más espectaculares, me resultó más gratificante ver literatura, aventuras y poesías de autores, quizás más modestos, pero que nos reflejan a Perú en toda la palabra. Ver la existencia de un libro que expone lo que fue Sendero Luminoso, es gratificante, entender que la cara estigmatizada y más brillante de la moneda toma mucha importancia para Perú (sin generalizar). Encontré un espacio para la memoria, un reencuentro con el pasado que permite establecer adaptaciones personales a la historia de América Latina.

La literatura infantil no pudo quedarse atrás. Si bien no recorrí toda la sección, descubrí que no existe una forma válida de contar la historia, sino que todo entra en ese estudio tan complejo y estructurado. El pabellón nos dijo a gritos que todos los métodos son bienvenidos para mostrar las hazañas, pérdidas, guerras, demás conflictos y organizaciones que a lo largo de la historia han permitido el mantenimiento y formación de Perú como Estado.

Me place decir, que las decenas de audífonos para escuchar los diferentes ritmos, no hacen alusión a la cantidad de familias indígenas y aborígenes que son oriundas de Perú. Este espacio es bastante cautivador, y en el mejor método subjetivo, transporta a su escucha a las manifestaciones culturales dadas a través de la historia. Los cambios históricos de la cultura, en todas sus transformaciones, son evidentes. Es entendible escuchar en unos audífonos la danza del pueblo Mayoruna, y que al quitártelos se escuchen los acordes creados por Los Saicos.

No puedo finalizar esta columna sin recomendar otro factor importante para ese viaje en el espacio peruano. En la salida del pabellón encontramos una venta de cocteles, y el pisco se presenta en su máximo esplendor. Tómese un vaso de pisco antes de salir, el viaje por el universo peruano se hará más agradable con el sabor del pisco en la garganta.

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