lunes, 12 de mayo de 2014

Idiotas útiles de la tecnología


Por: Rocío Infante Buitrago
Facebook: Rocío Infante
Twitter: @rochy1111


“Temo el día en el que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. -El mundo solo tendrá una generación de idiotas-” Albert Einstein.

Cuando me enteré que Tigo (una de las telefonías móviles de Colombia) lanzará un servicio para ver el Mundial en vivo desde los celulares y las tablets en definición HD, de inmediato, pensé en todos los aficionados del futbol, concentrados en las pantallas de sus dispositivos móviles, pagando cualquier cantidad de dinero solo por embobarse y no perderse ningún partido. Sin embargo, el punto al que quiero ir no es precisamente el mundial, sino al tema del crecimiento que ha venido teniendo la tecnología en nuestro país en tan poco tiempo, cosa que me asombra y me aterra, no por lo tan “desarrollados” que eso nos haga, sino por lo “idiotas” que eso nos ha vuelto. 

Colombia, solo hasta finales del siglo pasado logró sumergirse en el mundo de la internet y las nuevas tecnologías, a pesar de que muchos de los intentos fracasaron rotundamente, se continuó trabajando con ese propósito. De esta manera, en 1994 el país supo por primera vez que era ‘’estar conectado’’. Más adelante, en el 2000, ya había más de 10 millones de computadores conectados y un nuevo mundo por descubrir. Así sucesivamente, continuó el crecimiento de este fenómeno en el país. En ese tiempo éramos como niños estrenando un juguete, la internet para hace 14 años era toda una sensación, era el ‘’boom’’. 

Mientras avanzaban las formas de conectarnos a internet, nosotros –los de la generación del 90- crecíamos, en compañía de nuestros padres y nuestros amigos. Aún no sabíamos exactamente las dinámicas de cómo chatear a través de una pantalla de computador, ni mucho menos de celular, porque a inicios del nuevo siglo, eso era impensable. Por eso, y como buenos colombianos, nos encantaba jugar con los amigos de la cuadra a la lleva, tin tin corre corre,  jermis, a las escondidas o al rejo quemado. Juegos donde compartir con los demás era el disfrute pleno de la infancia. 

A medida que pasaba el tiempo, estos juegos pasaron a un segundo plano, desde que en la casa el computador tuvo un lugar importante, no solo para buscar las tareas en Encarta, sino también para empezar a hablar con nuestros amigos por Sónico, luego por MSN, enseguida por Hi5 y Myspace. Así de la nada, las reglas del juego cambiaron de repente, sin darnos cuenta, en menos de 10 años nos llamaron ‘’los nativos digitales’’. Ahora, nuestras relaciones sociales se construyen de tras de una pantalla de pc o de celular, las relaciones cara a cara son más escasas, vivimos conectados casi las 24 horas del día, y estamos día a día perdiendo la esencia de la vida humana, por convertirnos en simples idiotas útiles de la tecnología, la cual nos vende la idea de desarrollo, pero a un costo muy alto por el cual tendremos que pagar con nuestra propia deshumanización, solo porque no somos capaces de sobrellevar nuevas formas de vida sin llegar a los excesos.   

Además, y no sé por qué, concebimos el imaginario de que toda la población colombiana vive conectada, de que todos tienen acceso a las tecnologías y por ende a la información y al conocimiento. La verdad es otra, solamente menos del 50% de la población tiene acceso, eso hablando de los ciudadanos urbanos, pero, ¿dónde queda la población rural? Aunque no parezca queridos lectores, el mundo pequeño que tenemos en Colombia no gira entorno a la tecnología ni a la internet, ni mucho menos al smartphone como muchos creen. Porque aún existe gente en Colombia que juega los juegos tradicionales del país, aún hay gente que se mira a la cara cuando se habla y aún hay gente que ni siquiera sabe que es ese tal Facebook. Viven felices con su familia y sus dos verdaderos amigos, no como nosotros que tenemos 500 “amigos” en nuestra red social y vivimos  desgraciadamente idiotizados por la tecnología que nos distrae de los más queridos, y en vez de aportar al progreso del país nos convierte en sus esclavos más íntimos, donde sin darnos cuenta, producimos para las multinacionales y para aquellos que se enriquecen con nuestro tiempo, información y entretenimiento en la red. 

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