Por: Edwin Sandoval Montoya
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Y suena una cumbia entre los gritos desmesurados de 47 de millones de colombianos que cantan un gol al ritmo de las gaitas, llueve la cerveza entre las mesas de un bar y la hazaña deportiva se convierte en sinónimo de orgullo y alegría.
A portas del mundial de fútbol crece la expectativa por la participación de la selección Colombia en dicha competencia, y la esperanza del pueblo colombiano se prepara para ser elevada y llenarse de júbilo o caer vencida ante la derrota circunstancial que se vuelve definitiva para las 32 selecciones en Brasil.
Antes que nada creo que es necesario recordar otra vez que la selección Colombia ha participado tan solo cinco veces en la historia de los mundiales de fútbol, y su desempeño no ha sido sinónimo de excelencia. Por el contrario, regresan con resignación mientras desagradecidos los aplaudimos con hipocresía cuando esperábamos con ansias la imagen desvanecida del capitán levantando la copa del mundo entre sus manos, así nos conformamos con recordar nostálgicamente momentos como el gol de Fredy Rincón marcado en los últimos minutos contra Alemania en el mundial de Italia 90.
A pesar de que este mundial fue el mejor resultado para Colombia, al clasificar a octavos de final, fue eliminada por la selección de Camerún en dicha instancia. Un error del arquero titular en ese entonces Rene Higuita en una de sus recurrentes salidas del arco, dejó el partido 2-1 a favor de Camerún. En 1994 llegaba Colombia al mundial de estados unidos como una de las selecciones favoritas para ser campeona del mundo. Sin embargo, fue eliminada de una manera escandalosa al perder todos los partidos de la fase de grupos en la copa. Aquí otro error, un error que le costó la vida al número 2 de la selección: Andrés Escobar, quien al marcar un autogol en el partido contra la selección de Estados Unidos, reafirmó el afligido momento por el que pasaba la selección. Y a pesar de que nuestra selección pintaba como favorita para “USA94” Colombia no estaba para jugar al fútbol, el país seguía siendo controlado por el narcotráfico, las amenazas de muerte, los atentados y los homicidios eran algo de todos los días.
Y es ahora donde me pregunto si en Brasil 2014 estamos para jugar al fútbol. ¿Encontraremos en la victoria deportiva el pretexto ideal para distanciarnos de la realidad por dos meses? El grupo comandado por José Pekerman posiblemente hará que dejemos de pensar en el paramilitarismo brutal que reinaría en Colombia si Oscar Iván Zuluaga es elegido como presidente o si Juan Manuel Santos alcanzará la paz que tanto promete.
Mientras tanto, pasaremos el primer partido a “palo seco” por las elecciones y nos deleitaremos al son de Diomedes Díaz, los alfa 8, el grupo niche, Iván Villazón, Tres de Corazón y hasta Kevin Flores con su particular champeta que son algunos que han dedicado parte de su música a la selección Colombia y a remembrar sus proezas deportivas. Canciones que en este caso nos amenizarán la fiesta del fútbol de una manera particular, sus creaciones dinamizadas por el sentimiento patrio del que todos se contagian cada cuatro años con la ilusión de ganar, perdón, cada 16 años. Si ganamos, celebramos con tiros al aire y ¿si cometen otro error en la cancha? Lo acribillamos como a Andrés Escobar.
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